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¿Racismo anti-peruano? Los resultados parciales del Estudio[1] sobre la situación de salud de los peruanos en el exterior muestran que un porcentaje importante de los encuestados declaran haber tenido problemas de discriminación (40.1%) en los países de residencia. En cinco países, estos porcentajes son superiores al promedio general (un país asiático y cuatro europeos), dentro de los cuales se encuentra España, país con el que compartimos algunos elementos culturales (idioma, religión e historia). Sin embargo a pesar de nuestra cercanía cultural, el porcentaje de discriminación es mayor que en otros países que se encuentran más alejados desde el punto de vista cultural (Alemania, Australia, Canadá y Estados Unidos de América). Las principales causas de discriminación son el origen (25.2%) y el color de la piel (11.4%), dichas causas tienen una fuerte connotación racista debido a que están relacionadas con las características morfológicas del individuo. Es importante recordar que esas características constituyeron la base de la noción de razas, y que estas últimas fueron los pilares de las teorías racistas.
Según los testimonios de algunos encuestados, no solamente hubo discriminación sino también manifestaciones de violencia verbal y física contra los peruanos. La discriminación y el uso de la violencia contra una persona de origen diferente constituyen elementos importantes del racismo, definido como elaboración doctrinal e ideológica, prejuicios, opiniones y actitudes, conductas y prácticas de discriminación, de segregación y de violencia. El racismo es un fenómeno universal que considera la existencia de diversas razas con estatus diferentes. Según las teorías racistas habrían razas superiores e inferiores. Sin embargo, la genética moderna ha comprobado hasta la saciedad que las razas no existen, dicha noción es perfectamente arbitraria y sin fundamento científico. El ser humano constituye una raza única sin sub-categorías, las diferencias morfológicas son el producto de la adaptación del individuo a las condiciones del medio de origen y corresponden genéticamente a diferentes niveles de expresión de un gen común. Por ejemplo, todos los seres humanos tenemos un gen que permite la fabricación de la melanina, pero el nivel de concentración difiere de un grupo humano al otro. La melanina es un pigmento que se encuentra en la epidermis y que protege la piel contra los rayos solares. El color de la piel depende de la concentración de este pigmento (un individuo de origen europeo tiene menos concentración de melanina que otro de origen africano).
Las características morfológicas (talla, color de la piel,...) son más bien la expresión de una historia de climas y del medio ambiente que de una historia de pueblos. A pesar de la diversidad física y cultural, las diferentes poblaciones humanas presentan una gran similitud genética, testigo de un origen común: el homo sapiens sapiens. Hoy más que nunca los conceptos "prójimo" o "semejante" adquieren una nueva dimensión, ya que sabemos que el 99.9% del material genético de todos los seres humanos es idéntico y que todos somos semejantes y próximos. Con este descubrimiento, nadie debe asumirse como dominante o dominado por el simple hecho de ser blanco, negro, judío, cristiano, indio, alto, flaco, gordo, de ojos rasgados o azules. Sin embargo, aun se sigue hablando de razas. Esta persistencia de la noción de razas tiene sus raíces profundas en el mito racial. A la luz de los progresos de la genética, el ser humano no solamente debe moderar su etnocentrismo sino también su antropocentrismo. El primero porque todos compartimos el mismo material genético y el segundo por nuestra proximidad genética con los chimpancés (98.7%) y la cantidad de cromosomas que poseemos: el genoma humano tiene entre 30,000 a 40,000 genes, tan sólo dos veces más que el número de genes de la Drosophila melanogaster (la mosca de la fruta). Fatalmente, los individuos pertenecientes a pueblos o etnias distintas están aún lejos de sentirse “próximos” o “semejantes”, las pruebas abundan por todas partes, pero esta constatación no debe ser un motivo para bajar la guardia, ni dejar de luchar contra toda forma de discriminación y racismo. La historia de las migraciones nos enseña que ellas han contribuido a la grandeza del país que las acogió, aun si la primera generación de inmigrantes sufre muy a menudo las consecuencias de la desigualdad de derechos y la discriminación. La igualdad de derechos no es una conquista biológica, es una conquista social , que no tiene ninguna relación con la biología, ni está supeditada a la opinión de los especialistas de la genética. Esta igualdad de derechos tampoco está supeditada ni a la capacidad intelectual del individuo, ni al color de su piel, ni mucho menos al grupo étnico. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU dice en su artículo 2: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.
Emilio La Rosa Rodríguez Médico-Antropólogo Director del Centre de Recherche et d’Etude Santé et Société, Paris, Francia Miembro del Comité Internacional de Bioética - UNESCO
[1] Los peruanos en el exterior que desean participar en el estudio, pueden consultar nuestra página web : www.encuesta-salud.net |